Reflujo vesicoureteral

Se define como el flujo retrógrado no fisiológico de orina desde la vejiga hacia el uréter o la pelvis renal y los cálices. RVU primario es una anomalía de la unión ureterovesical genética, el reflujo secundario se debe a una obstrucción. Hay RVU en el 25 %-40 % de los niños con pielonefritis aguda.

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La incidencia de hidronefrosis diagnosticada prenatalmente causada por RVU oscila entre el 17 % y 37 %. Y 30 %-50 % de los RVU tienen cicatrices renales, como consecuencia de una displasia congénita o lesión postinfecciosa adquirida. Cerca del 10 %-20 % de los niños con NR se desarrolla hipertensión arterial o nefropatía terminal.

En una serie reciente de poblaciones sometidas a trasplante renal, el 2 %-3 % de los casos tuvieron que ver con pielonefritis crónica.

Entre las técnicas radiológicas figuran la CUGM, el método más extendido para evaluar el reflujo, y la cistografía isotópica (CI). En los casos complejos puede ser necesaria una urografía por resonancia magnética para evaluar las vías urinarias superiores.

El ácido dimercaptosuccínico (DMSA) es el mejor producto nuclear para visualizar el tejido cortical, evaluar el parénquima renal y confirmar la presencia de cicatrices renales.

En los pocos niños restantes con resultados no concluyentes y que son resistentes al tratamiento se requieren pruebas urodinámicas.

El tratamiento adecuado de la disfunción miccional dará lugar, a menudo, a la resolución del reflujo.

Se ha demostrado que todas las técnicas quirúrgicas son seguras, con una tasa baja de complicaciones y unas tasas de éxito excelentes (92 %-98 %).

En la actualidad, los procedimientos más populares son los de Lich-Gregoir, Politano-Leadbetter, Cohen y la ureteroneocistostomía de Psoas-Hitch.

Seguimiento

El seguimiento tras la corrección quirúrgica del RVU es objeto de polémica. En una actualización reciente del International Reflux Study, los autores publicaron los resultados de una urografía a los 10 años del tratamiento médico o quirúrgico del RVU. Por consiguiente, no se recomienda la realización sistemática de estudios isotópicos. La obstrucción de las vías urinarias superiores se descarta mediante una ecografía en el momento del alta y a los 3 meses de la operación. El protocolo de seguimiento ha de incluir la medición de la presión arterial y un análisis de orina.